A veces me planteo qué elementos concretos son los que deberían determinar la grandeza de un país. Otras veces, directamente, no me planteo ninguna cuestión que trascienda lo que podríamos denominar los confines de mi barrio. Lo que no puedo negar es que nunca he tenido vocación de presidente de la comunidad. Pero cada vez tengo más claro que, si no participas directamente en las cuestiones que te afectan directamente, es bastante probable que las cosas no tomen el rumbo deseado. Y si las cosas no toman el rumbo deseado y el motivo es que tú no te mojas, no resulta del todo coherente que te pases gran parte de la vida quejándote. La vida cómoda es divertida pero tiene sus inconvenientes, exactamente igual que la vida moderna como ya apuntaban los chicos de La habitación roja: “La vida moderna es nuestra condena, las prisas, las penas y los pisos de treinta…”… Leer el resto de esta entrada »