No entiendo por qué la gente suele seguir refiriéndose a la televisión como La caja tonta. A ver, la televisión ni es una caja (ya que cada vez son más planas) ni es tonta. Los tontos más bien serían aquellos que pasan la mayor parte de sus vidas delante de la tele. Tampoco creo que la televisión sea mala per se sino que lo malo son más bien cierto tipo de programas o de contenidos; si bien es cierto que, este tipo de programas y de contenidos, son los que más abundan. Y, situados en este punto, no tenemos más remedio que formularnos esa clásica pregunta de ‘qué fue antes: el huevo o la gallina’. ¿Consumimos telebasura porque es lo que la televisión nos ofrece o la televisión nos ofrece esa clase de contenidos porque es lo que el televidente demanda?

Opino que no todo en televisión es telebasura. Hace algunos meses escribía un artículo titulado ‘Generación teleserie: de Drácula a True blood’ en el que hablaba de las teleseries y, más en concreto, del alto nivel que algunas teleseries habían alcanzado en los últimos años, y de cómo este formato había sido capaz de colocarse a la cabeza en lo tocante a técnicas narrativas y capacidad para contar historias y retratar nuestro tiempo. Entiendo que lo de estigmatizar a la televisión se ha convertido en un tópico pero: ¿acaso no existe la literatura basura ni la radio basura? Pues sí, señores, existe. No en balde, creo recordar que en alguna ocasión escribí que algunos libros merecerían arder en la hoguera. Volviendo a la pregunta de antes, entiendo que si un sesudo programa de contenido filosófico tuviese la misma audiencia que un derbi entre el Real Madrid y el Barcelona, los directores de las cadenas de televisión no tendrían el más mínimo reparo en ofrecérnoslo y además a una hora punta.

Por todo lo expuesto anteriormente, opino que no nos podemos quejar tanto porque tenemos, ni más ni menos, que la televisión que nos merecemos, una televisión a la altura de las exigencias y los gustos de un determinado perfil predominante de televidente. Y, por tanto, insisto, la caja no es tonta sino lista y se limita a ofrecerles a los tontos lo que los tontos le piden. Que los tontos reclaman basura, pues la caja les ofrece basura. Total, que yo más bien hablaría de La caja lista que se nutre gracias a un ejército de tontos hipnotizados que no demandan miel porque no se hizo la miel para la boca del asno. Imploro que, de ahora en adelante, comencemos a hablar con propiedad y actualicemos los conceptos y comencemos a llamar a cada cosa por su nombre. La caja tonta pasaría a ser La caja lista y los televidentes pasaríamos a ser los teleasnos. Y también creo inconveniente seguir hablando de medios de comunicación; creo que deberíamos comenzar a hablar de medios de manipulación ya que esta última ha pasado a ser una de sus principales funciones.

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