Entiendo que lo más atroz y lo más anti-natura que puede hacer un ser humano es matar a la criatura que ha engendrado. No es fácil ponerse en la piel de los demás. Digo esto porque yo no soy padre y, por tanto, no sé lo que se siente cuando se tiene un hijo ni sé lo que se le puede llegar a querer y, por tanto, no sé lo que se sufre ante su pérdida. Pero puedo llegar a imaginarlo. He oído decenas de veces cómo padres y madres comentaban que lo peor que te puede pasar en esta vida es que un hijo tuyo fallezca antes que tú. Hace un par de noches, sin ir más lejos, volví a ver una película que me encanta. Me refiero a Crazy. Hay un momento en el que el padre le confiesa al hijo gay lo que duele perder a un hijo ante la inminencia de la muerte del hermano mayor víctima de las drogas. Matar a un hijo atenta de pleno contra el instinto de conservación de ahí que al comienzo hablase de acto anti-natura… Los seres humanos somos los únicos seres vivos capaces de ir contra nuestro instinto, de manera que podemos negarnos a beber aunque tengamos sed, hacer una huelga de hambre, o mantener el celibato. Me cuesta creer que alguien cuerdo, alguien con su salud mental intacta (si es que aceptamos que un espécimen así exista) pueda cometer semejante aberración. Pero, por otra parte, si concluimos ipso facto que alguien que comete semejante atrocidad ha de estar necesariamente loco entramos en el delicado debate de si dicha circunstancia debiera o no ser tenida como atenuante. Otra cosa que me parece horrible es que, generalmente, detrás de este tipo de crímenes, suela esconderse una necesidad por parte de quienes los comenten de hacerle daño a la otra parte, al otro cónyuge con el que, en un acto de amor (al menos hipotéticamente), engendró dicha criatura a la que ahora decide quitarle la vida. Suelo rebobinar e intentar reconstruir la historia, el itinerario de esa pareja: les imagino un día cualquiera en el que el caprichoso destino quiso que sus caminos se cruzasen. Les imagino coqueteando, sonriendo, les imagino felices. ¿Quién podría imaginar lo que terminaría sucediendo en un futuro? ¿Cómo puede un sentimiento como el amor degenerar en un odio tan gigantesco, un odio que te lleve a matar a tu propio hijo con tal de hacerle daño a la persona antaño amada? El hecho de que no encuentre respuestas lógicas a estas preguntas es lo que me lleva nuevamente a barajar la teoría de la locura. Como habréis podido intuir, toda esta parrafada viene a cuento del vuelco que ha pegado en los últimos días el sonado caso de la desaparición de Ruth y José, y el hecho de que la hipótesis de que el padre sea el culpable haya cobrado aún más fuerza.

Y de Córdoba pasamos a Corea del Sur y es que, al igual que sucede con otros males, éste parece que tampoco entiende de fronteras y es que los seres humanos, al margen de que vivamos en extremos opuestos del planeta, nos asemejamos entre nosotros más de lo que podamos llegar a imaginar, del mismo modo que los osos se asemejan entre ellos y los leones ídem de lo mismo. La Policía de Corea del Sur detuvo al pastor de una iglesia evangélica ilegal y a su esposa ya que, según ellos mismos confesaron, mataron a golpes a sus tres hijos para librarlos de los malos espíritus que les habían causado un resfriado. Según un comunicado de la Policía, los tres niños, de cinco, ocho y diez años de edad, fueron descubiertos con sus cabezas afeitadas y con sus padres arrodillados delante de ellos en el interior de una vivienda utilizada como iglesia en la aldea de Boseong, en el sur. “La causa exacta de su muerte aún no se ha establecido, pero sospechamos que los niños fallecieron durante el periodo en que estuvieron encerrados y sometidos a golpes por parte de sus padres, ya que su sistema inmunitario era débil a causa de la enfermedad”, declaró a Reuters un responsable de la Policía de Boseong.
Los medios surcoreanos informaron que el “pastor” y su esposa dirigían una congregación con diez feligreses y que habían encerrado a sus tres hijos -dos niños y una niña- después de que contrajeran un resfriado. Los medios también precisaron que el hombre había creado por su cuenta la iglesia, que no estaba registrada legalmente. Según la Policía, el pastor y su esposa afeitaron las cabezas de los niños para expulsar a los malos espíritus y les golpeaban a cada uno con cinturones y matamoscas 39 veces por la mañana y otras 39 por la tarde. Los niños estaban maniatados. El pastor aseguró durante su confesión que había actuado “según las Escrituras”-

Cuando lees noticias de esta naturaleza no puedes evitar que una sensación de desconcierto te invada durante cierto tiempo. Luego vuelves a pensar que este tipo de cosas solamente ocurren en el celuloide. Y yo no puedo evitar formularme las siguientes preguntas más o menos existenciales: ¿Existe dios? ¿Dios es justo? ¿Este puto mundo tiene alguna clase de lógica y de sentido? ¿Qué hicieron esos chicos para merecer semejante destino? ¿Cómo explicas esto, Coelho? ¿Son pruebas que les ha puesto la vida a estos chicos? Y si eran pruebas en plan El Alquimista, ¿por qué no tienen la jodida oportunidad de sacar una lectura al respecto y de rectificar? Por favor, Sr. Coelho, necesito que usted me saque de dudas y me explique cuál es la puta moraleja del cuento.

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