No me gusta ir de un lado para otro como si fuese un balón de reglamento; a mí me gusta más lo de estar quieto todo el rato en un mismo sitio como hacen los árboles; los árboles siempre me han parecido criaturas muy interesantes, ahí todo el rato a lo suyo sin meterse con nadie, no tienen nada que ver por ejemplo con los diabólicos insectos que se pasan el día entero jodiendo; los árboles nunca son los responsables directos de ninguna desgracia porque detrás de todos los accidentes en los que se ven involucrados los árboles suele haber casi siempre algún maldito rayo… Buena especie la de los árboles; eso sí, si eres un árbol corres el riesgo de que algún tarado te tale o que te cuelguen un molesto columpio de una de las ramas para que el niño gordo de turno se balancee y también están los jodidos pirómanos y los jodidos artistas conceptuales, pero aún así prefiero correr ese riesgo a tener que estar todo el santo día moviéndome de un lado para otro para seguir estando vivo: moverme para ir al trabajo, moverme para coger una lata de cerveza fría de la nevera, moverme para ir al baño; lo mejor, repito, es ser un árbol y tener a mano todo lo que necesitas sin tener que mover ni una sola rama. Además, ser un árbol significa ser generoso y tirarte gran parte del año regalándole ciruelas y manzanas a gente que no se lo merece. Opino que sólo los gilipollas se mueven demasiado, aunque puedo admitir alguna que otra excepción. John Travolta, por ejemplo, se movía demasiado sin llegar a parecer un gilipollas.

Voy a introducir algunos cambios en mi vida. Empezaré por tirar a la basura todo lo que no me sirve. Me he propuesto llevar una existencia mucho más auténtica. Quiero anteponer las necesidades de mi alma a las necesidades de mi cuerpo. Quiero desprenderme de todo lo material y centrarme tan solo en aumentar mi capital espiritual. Quiero ser como los maestros buda. Lo primero que voy a hacer es tirar la tele porque ese maldito trasto ha convertido mi cerebro en un vertedero en el que puedes encontrar absolutamente de todo: un gordo lanzando un martillo, un viejo sosteniendo una scooter con la punta de su nariz, una carretera llena de muertos, planchas que planchan más rápido, cazabombarderos, avestruces; no es de extrañar que con todo eso ahí mezclado todo el tiempo, combinándose caprichosamente en mi cabeza todo el tiempo como si se tratase del tambor de una lavadora, a veces me asalten espontáneamente pensamientos del tipo: el anticiclón de mañana podrá traer consigo precipitaciones de crudo pudiendo verse afectadas las zonas más erógenas de la literatura universal. Me estoy volviendo majara. Pero las cosas van a cambiar en esta casa. No se va a salvar ni la báscula. A partir de ahora, todo silencio. Todo paz. Todo vacío. Todo alternativo (Mmmmmmm). Medicina alternativa. Comida alternativa. Yoga, Tai-Chi, Shiatsu, homeopatía, naturopatía, medicina tradicional china, acupuntura, ayurveda, aromaterapia, reflexología, oración, hipnoterapia, sofronización, musicoterapia, arteterapia, terapias del bicampo y terapias electromagnéticas, Qi-Gong o Chi-Kung, Reiki, Terapia floral. Albóndigas de soja. Zanahorias. Parafarmacia.

Todas esas palabras definen mi nuevo universo y el simple hecho de pronunciarlas comienza a conferirle una forma real a mi nuevo proyecto de vida. Voy a convertirme de la noche a la mañana en EL HOMBRE MÁS ALTERNATIVO. Arriba la meditación y abajo el fútbol. Tengo que limpiar mi maldito karma como sea. Voy a dejar de comer carne porque la carne es mala y voy a comer solamente hierba como las jirafas. ¡Viva mi paradigma! Por descontado, el árbol será nuestro símbolo, el modelo de vida a imitar, la forma de vida más perfecta a la que todos debemos aspirar, el clímax de la experiencia mística: el árbol respetuoso que vive tranquilo y en paz con todos los demás seres del universo, el árbol que no necesita nada más que lo que la propia naturaleza le ofrece para ser feliz, el árbol que no conquista, el árbol que no pica, el árbol que no muerde, el árbol que no da coces, el árbol que no le roba los frutos a los otros árboles, el árbol solitario, el árbol sabio, que no pone bombas ni especula, el árbol ensimismado, el árbol grueso y robusto que ni tan siquiera se queja mientras le cortas el tronco con una motosierra para construir un ropero. En fin, que voy a ser el hombre más alternativo aunque me vaya la vida en ello. No sé si entendéis bien lo que he querido decir: voy a centrar todas mis energías en todo ese rollo de la respiración y la meditación y las infusiones y el incienso y en tratar de pasar por el lado de las hormigas sin pisarlas.

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