El Ayuntamiento de Torremolinos te regala bolsas para que recojas la caca de tu perro. Con el tiempo, he llegado a la conclusión de que, básicamente, existen dos clases de ciudadanos: los que tienen perro y los que no tienen perro. Los que tienen perro lo sacan a pasear y, de paso, ellos caminan un poco mientras se fuman un cigarrillo y aprovechan para conversar con otros dueños de perros. Es extraño que los humanos necesiten un animal que les sirva de enlace o excusa para atreverse a hablar los unos con los otros. Cuando paseas a tu mascota entablas conversación de manera totalmente natural con otros dueños/as de mascotas con los que no hubieses intercambiado una palabra en la vida sin la actuación del animal como intermediario. Aunque… en honor a la verdad existe una especie de contrato tácito y soterrado en base al cual la conversación debe girar necesariamente en torno al tema perros.

Otro punto a destacar es que, cuando sacas a pasear a tu perro, te parece de lo más normal que el animal cague y mee en la calle, generalmente en lo que viene siendo conocido como acerado público. Es más, si caga y no hay nadie a tu alrededor, hasta es muy posible que no recojas la caca y así de paso conservas una bolsa para cuando bajes más tarde. Porque a la mascota hay que sacarla más de una vez aunque, en no pocas ocasiones, te resulte un coñazo y optes por abrirle la puerta de la terraza para que cague y mee en esa zona de la casa, que es como una especie de zona neutral en la que existe una especie de amnistía escatológica. Por amor a tu mascota, aceptas que tu terraza pase a convertirse de espacio de recreo a cagadero provisional. La cuestión es que las bolsas de plástico son una especie extraña y misteriosa dentro de la categoría objetos inanimados. Piensas que tienes un millón de bolsas escondidas por todos los rincones de tu casa pero, justo cuando vas a sacar al perro, te das cuenta de que no encuentras nunca la bolsa apropiada y entonces llegas a la conclusión de que las bolsas se autodestruyen cuando observan que vas a sacar al animal, posiblemente, porque no quieren acabar albergando caca ajena. Las bolsas aspiran a otro tipo de contenido, qué sé yo, libros, ropa cara. Pero a nadie ni a nada le gusta comer mierda, ni tan siquiera a las bolsas del Mercadona. Luego está el tema del nudo. Es todo un arte conseguir hacerle un nudo a la bolsa sin mancharte una vez que las heces están dentro. Hay dos momentos cruciales en la vida del dueño de un perro. El primero es cuando aprende a atarse los cordones de los zapatos y el segundo es cuando aprende a anudar correctamente la bolsa de plástico que contiene las heces de su perro.

Y luego está el delicado tema de la vida sexual de los dueños de mascotas. En no pocas ocasiones, la mascota, que suele ser bastante posesiva y celosa, se mete en medio de la pareja en el momento menos oportuno y demanda también arrumacos y caricias y, en resumen, se pone cariñosa. Y optas por meterle una patada al perro porque, en ese momento, tus prioridades son otras. Una vez finalizado el acto te arrepientes y le compensas a fuerza de caricias pero, el perro, que suele ser bastante rencoroso se aleja de ti y no deja que juegues con él hasta pasado un buen rato. No digo con esto que la vida erótica de los con perro sea mejor ni peor que la de los sin perro. Es, sencillamente, distinta.

Pues bien, como iba diciendo, básicamente existen dos tipos de ciudadanos: los sin perro y los con perro. Los que tienen perro siempre quieren ir a la playa con la mascota y buscan desesperadamente rincones de la costa en los que haya más perros que bañistas, y si el animal se caga, escarban un hoyo y esconden la caca bajo la arena y todo les parece de lo más normal y de lo más higiénico. Los que no tienen mascota se cagan en la puta que les parió. Los que tienen perro van al veterinario con mayor o menor asiduidad mientras que los que no tienen han oído hablar del veterinario alguna vez en su vida pero todos se preguntan en su fuero interno cómo será la consulta de uno de estos profesionales. El veterinario es para ellos una especie de leyenda urbana, algo tan exótico como Filipinas. Los que no tienen mascota no saben cuánto se puede llegar a querer a una mascota y cuánto puede llegar a preocuparte que le pase algo. Los con perro miran el tráfico de un modo distinto a como lo hacen los sin perro. Cualquier turismo se convierte en un asesino potencial de tu canino. Cuando no tienes perro te fastidia un montón que llegue un perro y te ponga las patas encima y cualquier perro es un depredador de dientes afilados y prominentes. Cuando tienes perro, el hecho de que se te suba encima, y sobre todo el hecho de que se suba encima de otra persona, te resulta de lo más gracioso.

Insisto en que los hombres, en sentido estricto, no se dividen en buenos ni malos, en ricos ni pobres, en blancos ni negros: los hombres se dividen en con perro y sin perro. Luego está el tema de las vacaciones. Si decides llevarte al perro de veraneo tienes que tener en cuenta una serie de cosas: primeramente, debes encontrar un hotel en el que admitan mascotas, y luego tienes que ir mentalizado a almorzar y cenar siempre en las terrazas porque los perros no pueden entrar dentro del local a pesar de que puedo garantizaros que mi perrita Nunca (no Nuca), por poner un ejemplo, es más educada que muchas personas que no tienen prohibido el acceso a los restaurantes y, no solamente debieran tenerlo prohibido, sino que también debieran llevar bozal. Y si no te llevas la mascota, tienes que encasquetársela a algún amigo o tienes que llevarla a una residencia canina, y aún así, te vas con el rollo un poco cortado porque, repito, los que no tienen perro no pueden entender cuánto se puede llegar a estimarlos y para más inri los perros suelen imitar a sus dueños humanos incluso en el tipo de patologías que padecen, y últimamente son muchas las mascotas que padecen Trastornos del estado de ánimo. También los hay hiperactivos, bulímicos y ludópatas…

En fin, que voy a buscar una bolsa de plástico que se deje…

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