Intento mantener los ojos bien abiertos y suelo pegar la oreja para escuchar lo que se dice a mi alrededor. Dicen que todo el dinero que falta lo tiene alguien y que no quiere que circule pero ¿quién es ese alguien y por qué no lo suelta? Hay quien opina que se trata de una especie de complot muy bien orquestado contra el Partido Socialista y que, cuando gobierne el Partido Popular y por tanto cambiemos las rosas por las gaviotas, ese dinero escondido debajo de las piedras aflorará repentinamente y nadaremos en la abundancia. En nuestro país hay mucha gente que dice no ser monárquica sino juancarlista y también hay mucha gente que dice no ser antipartidosocialista sino antizapaterista. Y lo que parece evidente es que casi todo el país es antirajoy antes de que el pobre Rajoy haya tenido la posibilidad de alcanzar la presidencia. Y también los hay que afirman ser apolíticos como si ésa no fuese también una postura política clara

También dicen que los inmigrantes están trayendo consigo enfermedades que aquí ya estaban superadas: y es que mezclarse con los demás es lo que tiene. Pero es que, en mi modesta opinión, si no nos mezclásemos sería aún peor y todos seríamos algo así como una especie de nación de primos tontos y bajos de defensas. A lo largo de la historia la movilidad geográfica y la mezcla entre diferentes culturas ha sido una constante y unas veces nos ha tocado a nosotros salir fuera y otras recibir a los visitantes, así que, como dice el refrán, hay que saber estar a las duras y a las maduras porque, como dice otro refrán, donde las dan las toman y la tortilla da muchas vueltas así que váyase usted a saber dónde diantres estará mañana. Me he percatado de que, últimamente, los chinos suelen protagonizar casi el ochenta por ciento de las conversaciones y estoy seguro de que vosotros también os habéis dado cuenta. Está claro que los chinos están de moda. También estuvieron de moda los accidentes aéreos y los ataques de perros durante algún tiempo. Ahora hay menos accidentes aéreos y menos ataques de perros lo cual me lleva a pensar que, en un espacio más o menos breve de tiempo, también habrá menos chinos. Hay quien se pregunta qué va a pasar con las tierras que Gadafi tiene en Benahavis y hay quien se pregunta cuánto tiempo le queda a Mourinho en el Real Madrid. Leí en el País que el Gobierno había bloqueado los planes urbanísticos que el líder libio, Muamar el Gadafi, proyectaba en la localidad malagueña de Benahavís, donde posee una finca en la que preveía construir cerca de 2.000 viviendas, un campo de golf y un palacio de congresos. Lo que parece evidente es que las preguntas que cada cual se formula son un fiel reflejo de sus intereses prioritarios. Y los intereses prioritarios de algunos dejan mucho que desear.

Antes solamente trabajaba uno de los cónyuges y se tenía un tren de vida similar al que se tiene ahora trabajando ambos. Eso supone un grave retroceso. Supone que en el supermercado laboral nos dan menos por más: 1×2 en lugar del típico 2×1. Supone que nuestra calidad de vida se ha visto mermada seriamente en los últimos años y que un número creciente de necesidades nos esclaviza. Pero las necesidades son necesarias y no seré yo quien las critique gratuitamente (no sé si me explico pero, más o menos, vengo a decir que “necesitar y satisfacer una necesidad y habituarnos a ese estado de cosas y buscar otras necesidades que nos estimulen” forma parte de nuestra humana naturaleza aunque la ventaja que tenemos es que somos la única especie que, llegado el caso, podría ir incluso contra su propia naturaleza lo cual, a mi retorcido modo de ver, simplemente supondría que “ir contra nuestra propia naturaleza” pasaría a formar parte esencial de nuestra naturaleza). Acabo de inventar una especie de trabalenguas.

Dicen que los países del Este están acaparando todas las energías y está claro que, tal y como está montado ahora mismo el mundo, quien tiene la energía tiene el toro cogido por los cuernos. En la civilización moderna, la disponibilidad de energía está fuertemente ligada al nivel de bienestar, a la salud y a la duración de vida del ser humano. En realidad vivimos en una sociedad que se podría denominar como “energívora” (este concepto lo leí en alguna parte y me parece sumamente ingenioso y acertado). A veces tengo la sensación de que todos los países están moviendo sus fichas, posicionándose y que, como no nos andemos listos, nos van a dar para el pelo.

Oigo muchas voces en contra de las redes sociales y del hecho de que, en las reuniones de amigos, siempre haya uno (o más de uno) con la cabeza agachada mirando hipnótico la pantalla del móvil y es que, teóricamente, esa persona debería estar más pendiente de la gente que tiene a su alrededor, y con la que ha quedado para almorzar o para tomar un café o para permanecer mirándose las caras sin decirse nada, que de la gente que está dentro de la agenda de su móvil.

Dicen que la juventud no tiene arreglo y que hay que ponerle alguna clase de remedio a la vertiginosa pérdida de valores a la que estamos asistiendo. Los niños pasan demasiado tiempo solos y las peleas ya no son nobles. A mí me preocupa especialmente la entente formada por EL PODER, EL CAPITAL y LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN. Pensar en una prensa sesgada, tendenciosa y subjetiva hace que me sienta terriblemente solo y aislado en el mundo, que tenga la impresión de que no puedo confiar en nadie.

Y mientras tanto los países se posicionan y los grupos de poder se posicionan y, por muy civilizados que podamos parecer a vista de pájaro, no dejamos de librar batallas invisibles y de combatir y de permanecer en un estado de perenne alerta.

Dicen que la diputaciones no sirven para nada y que hay que terminar con ellas (exterminarlas) y que un país no puede sostenerse con tanta gente trabajando en la administración pública. Algunos funcionarios dicen que ellos cotizan a la seguridad social religiosamente y que soportan gran parte del peso de este sistema que, como todo sistema, tiene sus cosas buenas y sus cosas malas, y es lícito y saludable someterlo a revisión periódicamente y criticarlo, porque el sistema no existe per se, sino que el sistema (ese concepto tan raro que pronunciamos como si nos fuese algo totalmente ajeno y lejano) somos nosotros, lo construimos nosotros, para servirnos a nosotros, y, por tanto, desde mi punto de vista, toda revolución debe construirse a partir de la autocrítica. Cada vez me provoca más rechazo el victimismo cómodo y pueril. A ver si nos enteramos de que el sistema es una herramienta.

Dicen, digo, decimos que lloverá mañana y que cambiarán las cosas y continuamos hablando y especulando sin parar y construimos una visión del mundo, una especie de criterio colectivo que, como tal, necesariamente ha de ser variopinto y caótico porque nosotros somos variopintos y caóticos y, tanto para bien como para mal, distintos los unos de los otros. Cada vez conozco a más gente que se plantea estilos de vida alternativos y casi todos esos estilos de vida alternativos pasan por una especie de vuelta a lo tradicional o lo básico, al campo, los autocultivos y la autosuficiencia como si nos hubiésemos dado cuenta de que ya no podemos seguir subiendo y que el único camino posible es el camino de vuelta. Hace unos días, precisamente, estuve hablando con mi estimado amigo Antonio largo rato acerca de la medicina oriental (en general) y de la acupuntura (en particular) y los dos creímos conveniente enfocar el tema, no en términos de exclusión, sino de complementariedad. Los planteamientos de algunos se me antojan utópicos mientras que los de otros son conciliables con el actual estado de cosas. Admito que hablar de tratar de encontrar el equilibrio a estas alturas puede parecer redundante y poco ingenioso pero es que resulta que hay fórmulas cuya eficacia está sobradamente probada, como la de algunos detergentes.

Un hombre dice en la ferretería que se alegra de que los que acumularon pisos para especular ahora no sepan que hacer con ellos. Ahora les sobran los ladrillos y uno de los principales problemas que presentan estos es que no son comestibles, salvo los de gominola que venden en los kioskos. Muchos hablan de falta de previsión y, por tanto, asumen la existencia de una responsabilidad o culpabilidad colectiva lo cual me parece un inmejorable primer paso para comenzar a tener una visión distinta de las cosas. Los ciudadanos de a pie también conducen el mundo y no solamente los políticos.

El otro día una mujer me recordó que hubo una catástrofe en Japón en forma de tsunami seguido de un desastre nuclear y tuve la impresión de que viajaba al pasado. Lo cierto es que no sé hasta qué punto lo que dicen o dejan de decir los medios de comunicación tiene una incidencia en la realidad pero lo cierto es que, últimamente, tengo la sensación de que los aviones son más seguros y los perros son menos peligrosos.

Yo opino que los católicos practicantes no deberían hacerse la cirugía estética porque eso es algo así como poner en entredicho la obra de dios, reconocer que el todopoderoso no ha hecho del todo bien su trabajo.

Dicen, decimos, digo. Y donde dije digo, digo diego…

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