
La Hora del Recreo es un loable proyecto reivindicativo y solidario en forma de libro que trata de reflejar y denunciar las condiciones de explotación en las que trabajan miles de niños en Latinoamérica. Se trata de un proyecto auspiciado por Fundación Telefónica la cual, a través del programa Proniño, “lleva diez años contribuyendo a erradicar el trabajo infantil en 13 países de Latinoamérica. A través de una educación sostenida, sostenible y de calidad, apoyamos a estos niños, niñas y adolescentes para que puedan tener la opción de un futuro digno”. Lo original de la iniciativa radica en que recoge el trabajo de cinco fotógrafos y de dieciséis escritores de reconocido prestigio a nivel internacional que aúnan sus esfuerzos y sus habilidades creativas para denunciar la crueldad y las paradojas que siguen produciéndose en nuestro querido mundo en pleno siglo XXI…

En un primer momento, los fotógrafos convivieron con los niños y realizaron fotografías de su vida diaria. Se trata de niños reales, con nombres y apellidos, que trabajan en condiciones de explotación inimaginables. Algunas instantáneas son realmente sobrecogedoras, hasta el punto de que nuestra mente occidental acepta a duras penas que no se trate de un montaje. Algunas fotografías parecen fotogramas de una película cuyo guión esté escrito por un guionista con una mente retorcida y morbosa capaz de imaginar semejantes condiciones de dureza e insalubridad. Pero, por desgracia, los niños están ahí y las imágenes también y son de verdad y nadie ha tenido que inventárselas, ni provocarlas, ni tan siquiera dramatizarlas mínimamente. Los encargados del proyecto optaron por no especificar en el libro el lugar geográfico en el que están hechos los distintos reportajes fotográficos con la intención de testimoniar que, aunque esos reportajes aludan a niños concretos, esa misma situación no solamente se da en esa ubicación geográfica puntual sino que es extensible a muchos lugares de Latinoamerica. Tal y como se especifica en la introducción a este volumen: “Se trata de un problema global que afecta a 215 millones de niños en todo el planeta y del que todos somos responsables”.

Una vez realizados los reportajes fotográficos, y tomando como fuente de inspiración las imágenes resultantes de los mismos, escritores de reconocido prestigio escribieron o plasmaron en forma de relato sus sensaciones e impresiones. Tal y como parece desprenderse del prólogo, se les pidió expresamente que intentaran no ser excesivamente reflexivos o racionales a la hora de interpretar literariamente las fotografías, sino que debían volcar visceralmente sobre el papel -casi de forma automática- aquellas sensaciones y emociones que las imágenes les evocasen, para evitar que una reflexión demasiado concienzuda contaminase el resultado. Del mismo modo que la cámara dispara muchas veces –a modo de ametralladora-, los escritores debían hacer algo semejante con las teclas de sus máquinas de escribir o de sus más sofisticados ordenadores portátiles: “Del viaje surgieron dieciséis bloques de narración fotográfica, protagonizados por otros tantos niños, que fueron entregados a sendos novelistas de nuestra lengua para que plasmaran en unas pocas líneas el impacto, más emocional e instintivo que meditado, que provocaron en ellos las imágenes, a las que se unió un documento sonoro con la voz del niño correspondiente”. El primer relato del libro lo firma Gustavo Martín Garzo, un escritor por el que siento especial admiración, principalmente por la enorme sensibilidad y el amor hacia la vida y la literatura que se desprende de sus textos. Creo que a pocos escritores mejor que a él podría habérsele encomendado la tarea de usar su pluma para reivindicar los derechos del menor. Si hay algo que caracteriza a Gustavo es su casi obsesión por no perder nunca la mirada inocente y la ilusión del niño lo cual, según ha comentado en alguna entrevista, es lo que le permite seguir fabricando universos paralelos. Su relato, inspirado en las fotografías de Walter Astrada, se titula UNA ROSA DE PALABRAS y comienza así:
“El mundo está lleno de niños que sufren. Sufren porque han sido abandonados o no tienen para comer. Sufren porque son vendidos como esclavos, porque están enfermos o se ven obligados a trabajar cuando apenas tienen fuerza para sostener las herramientas. Sufren, sobre todo, porque carecen de amor o porque quienes les aman son tan pobres que no pueden darles lo que necesitan. Cada tres segundos uno de esos niños muere en el mundo, la mayoría de las veces por enfermedades e infortunios que se habrían podido evitar. Pero todos ellos son tan irreales para los medios de comunicación de los países desarrollados como esas criaturas hechizadas de los cuentos que viven en lugares malditos que no es posible abandonar”.

El siguiente párrafo que transcribo del prólogo creo que sintetiza bastante bien la filosofía de este libro híbrido en el que fotografía y literatura se juntan por una buena causa:
La hora del recreo es un libro de miradas:
El fotógrafo mira al niño con la cámara.
El niño mira al escritor desde las fotos.
El novelista se mira a sí mismo para escribir.
Personalmente, opino que, por desgracia, libros como éste no conseguirán cambiar gran cosa, ya que estamos acostumbrados a contemplar asépticamente situaciones así de duras a diario a través de la pantalla de televisión y en la prensa y ni tan siquiera nos inmutamos. Pero al menos, durante los minutos que leáis esta reseña, espero que reflexionéis un poco -como lo hice yo cuando sujeté por vez primera el volumen entre mis manos- aunque luego sigáis enfrascados en todos esos asuntos tan importantes que ocupan la mayor parte de vuestro tiempo y que os suelen traer por la calle de la amargura. Me cuesta trabajo imaginar algo peor que perder la infancia para siempre. El modo particular de mirar el mundo que se tiene cuando se es pequeño y se crece en un entorno social y familiar saludable, es algo totalmente único e irrecuperable. Me cuesta admitir la realidad de que hay hombres que no han tenido la oportunidad de ser niños nunca.
LOS FOTÓGRAFOS
Walter Astrada, Lurdes R. Basoli, Renzo Giraldo,
Carlos Spottorno, Álvaro Ibarra Zavala
LOS ESCRITORES
Héctor Abad, Lola Beccaria, Ángeles Caso, Alonso Cueto,
Espido Freire, Fernando Iwasaki, Gustavo Martín Garzo,
Luisgé Martín, Ricardo Menéndez Salmón, Vicente Molina Foix,
Soledad Puértolas, Rosa Regás, Javier Reverte,
Marta Rivera de la Cruz, Santiago Roncagliolo, Care Santos


Acerca de los editores
Carlos Spottorno (Budapest, 1971) es fotógrafo colaborador de la agencia Reportage bye Getty Images y de la productora audiovisual Tesauro. Recibió el World Press Photo en 2003 y ha sido finalista en Visa Pour L´image 2008 y Descubrimientos 2003, 2005 y 2008, así como en European Publishers Award 2009. Incluído en el American Photography 24 y 26, su trabajo se ha publicado en medios de comunicación como National Geographic España, El País Semanal, XL Semanal, The New York Times, La Repubblica delle Donne, Marie Claire Francia o The Sunday Times Magazine. En 2006 publica su primer libro, Buscadores de historia y en 2010, China Western (La Fábrica).
Fernando Marías (Bilbao, 1958) es autor, entre otras, de las novelas El niño de los coroneles (Premio Nadal 2001), El mundo se acaba todos los días (Premio Ateneo de Sevilla 2005) y Todo el amor y casi toda la muerte (Premio Primavera 2010). Entre sus novelas para jóvenes destacan Cielo abajo (Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil 2006) y Zara y el librero de Bagdad (Premio Gran Angular 2008).
El productor ejecutivo
Miki Heras Riesgo (Madrid, 1955) es sociólogo, licenciado en Población y Ecología Humana. en 1987 crea, junto a Pancho Alted, la división de cine publicitario de Tesauro, que ha sido desde entonces una referencia fundamental en cuanto a compromiso con la creatividad y la innovación. Tesauro ha producido cerca de mil piezas, de las cuales más de cien han sido premiadas con los máximos galardones en festivales nacionales e internacionales de creatividad publicitaria. En la actualidad presiden la APCP, Asociación Española de Productoras de Cine Publicitario. Ha sido jurado del Club de Creativos de España, del FIAP y del Festival El Sol.



